
A partir del 1 de enero, los proveedores de servicios de pago dentro de la UE tendrán que llevar un registro de los receptores de pagos transfronterizos y, a partir del 1 de abril, transmitir información a las administraciones de los Estados miembros sobre los que reciban más de 25 pagos transfronterizos por trimestre.
A continuación, esta información se centralizará en una nueva base de datos europea creada por la Comisión Europea, donde se almacenará, agregará y cotejará con otros datos.
A continuación, toda la información del sistema central de información sobre pagos electrónicos se pondrá a disposición de los Estados miembros a través de Eurofisc, la red de la UE de especialistas en la lucha contra el fraude del IVA puesta en marcha en 2010. De este modo, a los Estados miembros les resultará mucho más fácil analizar los datos e identificar a los vendedores en línea que deban cumplir sus obligaciones en materia de IVA, incluso en el caso de empresas no situadas en la UE.
Los funcionarios de enlace de Eurofisc también pueden adoptar las medidas oportunas a nivel nacional, como tramitar solicitudes de información, aplicar medidas de inspección o dar de baja números de IVA. Ya existen disposiciones similares en algunos Estados miembros y otros países, y han tenido un efecto tangible en la lucha contra el fraude en el sector del comercio electrónico.
La Comisión Europea ha fijado como propuesta para el nuevo año revisar las normas de las etiquetas de los productos, incluidos los textiles, como la ropa o los complementos de vestir. Esta normativa pretende estandarizar la información de las etiquetas en todos los países de la Unión Europea (UE) y homogeneizar las tallas para facilitar, entre otras cosas, la venta online.
La Comisión Europea ha decidido en primer lugar poner en marcha una consulta pública que aborda diversos aspectos del etiquetado de productos textiles y similares. El Reglamento que se actualizará es el de 2011, revisado por última vez en 2014.
En esta ocasión, se revisarán aspectos como el origen (made in), la información sobre el mantenimiento, la autenticidad del cuero o la piel, el origen orgánico o biológico, la presencia de sustancias alergénicas y la producción socialmente responsable de los productos textiles, según informa el medio El Economista.
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