
El 1 de enero de 2022 entrarán en vigor las nuevas normas chinas de importación de alimentos y bebidas. Y muchas empresas luchan por llegar a la fecha límite con los trámites hechos.
En abril de este año, las autoridades aduaneras chinas publicaron nuevas normas de seguridad alimentaria que estipulaban que todas las instalaciones de fabricación, transformación y almacenamiento de alimentos en el extranjero debían estar registradas a finales de año para que sus productos pudieran acceder al mercado chino. Esto supuso un gran cambio en la forma de operar de las empresas y obligó a todas ellas a cumplir el nuevo proceso de registro.
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En un principio, este proceso era 100% en línea. Sin embargo, los procedimientos detallados que explican cómo obtener los códigos de registro necesarios no se publicaron hasta octubre, mientras que el sitio web para las empresas autorizadas a autorregistrarse apenas empezó a funcionar el mes pasado.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos informó de un pico de 89.000 millones de dólares en 2019, en concepto de importaciones de alimentos a China. La mayoría de estas importaciones, destinadas a una creciente clase media, que desea acceder a productos alimenticios que no se producen localmente, o que son especialidades regionales semilujosas, como el queso Parmigiano. Con estas cifras, China se ha convertido en el sexto importador mundial de alimentos.
Al tratarse de un nuevo mercado tan importante, muchos países y organizaciones comerciales de distintas regiones han expresado sus quejas sobre las nuevas normas de importación. Quizá la más inflexible en hacerlo haya sido la Unión Europea: La UE ha enviado cuatro cartas a las aduanas este año solicitando más claridad y más tiempo para su aplicación, según declaró Damien Plan, consejero de agricultura de la Delegación de la Unión Europea en Pekín y recogió Reuters.
Lo que ya se ha considerado uno de los principales problemas es la aparente falta de interés del gobierno chino por explicar los motivos de las nuevas normas de importación. La Administración General de Aduanas de China (GACC), que supervisa la última iteración de las normas, apenas ha dado explicaciones de por qué todos los alimentos, incluso los considerados de bajo riesgo como el vino, la harina y el aceite de oliva, deben cumplir ahora nuevos y exhaustivos requisitos para poder seguir importándose al país.

La postura de la industria alimentaria estadounidense parece alinearse con la de la UE en este asunto: "Nunca hemos recibido nada tan draconiano de China", comentó Andy Anderson, director ejecutivo de la Asociación de Comercio Agrícola del Oeste de Estados Unidos(WUSATA), un grupo comercial que promueve las exportaciones alimentarias estadounidenses.
Las nuevas normas de importación son percibidas por las empresas estadounidenses como contraproducentes y punitivas. Y la falta de información se suma al aparente estado inoperante del sitio web de registro en línea.
"El sistema chino ya funciona, pero el inglés está en fase de prueba", explica Li Xiang, director de desarrollo empresarial de Chemical Inspection and Regulation Services Ltd (CIRS) Europe, que ayuda a las empresas en el proceso de registro.
La normativa sólo se aplica a las instalaciones que fabrican productos acabados para exportarlos a China, pero ofrece poca flexibilidad para cambiar el abastecimiento o las etiquetas.
Algunas empresas estadounidenses de bebidas espirituosas se han registrado, pero aún no tienen claros los requisitos de etiquetado, según Robert Maron, Vicepresidente de Comercio Internacional del Consejo de Bebidas Espirituosas Destiladas de Estados Unidos.